5 de febrero. Historia, Constitución y las bebidas que acompañaron el nacimiento del México moderno.

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Valeria Angel |

El 5 de febrero es una de las fechas más importantes en la historia de México. Ese día, en 1917, se promulgó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, un documento que no solo sentó las bases legales del país, sino que también representó el cierre formal de un periodo de profundas luchas sociales y el inicio de una nueva identidad nacional.

Pero más allá de los artículos, los debates y los ideales revolucionarios, existe una dimensión poco explorada de este momento histórico: la vida cotidiana de la época, los encuentros sociales, las celebraciones discretas y, por supuesto, las bebidas que se consumían mientras se escribía el futuro del país.

La Constitución de 1917. Un parteaguas histórico

La Constitución fue promulgada en Querétaro, tras años de conflicto derivados de la Revolución Mexicana. Su importancia radica en que fue una de las constituciones más avanzadas de su tiempo, incorporando derechos sociales como:

  • El derecho a la educación (Artículo 3°)

  • La reforma agraria (Artículo 27)

  • Los derechos laborales (Artículo 123)

Este documento no solo transformó el marco legal, sino que también marcó el nacimiento de un México moderno, con una identidad propia, profundamente ligada a su cultura, tradiciones y formas de convivencia.

Y como en todo momento histórico clave, la bebida fue testigo silencioso de discusiones, acuerdos y celebraciones.

¿Qué se bebía en México a principios del siglo XX?

A inicios del siglo XX, el consumo de bebidas en México estaba fuertemente influenciado por las tradiciones locales, la herencia colonial y los intercambios comerciales con Europa. No existía aún la industria moderna del vino y los destilados como la conocemos hoy, pero sí había una rica cultura de consumo.

Pulque. La bebida del pueblo y de la historia

El pulque era, sin duda, una de las bebidas más populares del México de 1917. Elaborado a partir de la fermentación del aguamiel del maguey, era consumido por todas las clases sociales, desde campesinos hasta políticos.

Aunque su consumo estaba más asociado al centro del país, el pulque era un símbolo de identidad nacional y resistencia cultural. En muchas pulquerías se discutía política, se debatía el rumbo del país y se compartían ideas revolucionarias.

Dato interesante: Durante años, el pulque fue visto como una bebida subversiva por ciertos sectores del poder, precisamente porque era punto de reunión social y política.

Mezcal y tequila. Tradición que comenzaba a consolidarse

En 1917, el mezcal ya tenía siglos de historia, aunque su producción era principalmente artesanal y regional. El tequila, por su parte, comenzaba a consolidarse como una bebida distintiva de Jalisco, aunque aún no gozaba del prestigio internacional que tiene hoy.

Estas bebidas se consumían en contextos más rurales o regionales, pero eran comunes en celebraciones privadas y reuniones sociales. No era raro que, tras largas jornadas de debate político, se brindara con un destilado de agave.

Vinos y licores importados: la influencia europea

Las élites políticas e intelectuales de la época mantenían una fuerte influencia europea, especialmente francesa y española. Por ello, en reuniones formales era común encontrar:

  • Vinos españoles
  • Vinos franceses
  • Coñac y brandy
  • Licores dulces y digestivos

Estos productos llegaban a México a través de importadores y casas comerciales, y su consumo estaba ligado al estatus, la diplomacia y las reuniones oficiales.

Brindar con vino era símbolo de sofisticación y modernidad, incluso en un país que buscaba redefinir su identidad.

Beber como acto social y político

En 1917, beber no era solo una cuestión de placer. Las bebidas cumplían una función social clara:

  • Unir a las personas
  • Facilitar la conversación
  • Marcar momentos de cierre o celebración
  • Acompañar acuerdos importantes

En un México que se reconstruía tras la Revolución, compartir una bebida era una forma de reconciliación, diálogo y comunidad.

Del México de 1917 al México actual: lo que ha cambiado (y lo que no)

Hoy, más de un siglo después, México vive una auténtica revolución en su cultura de bebidas. El tequila y el mezcal son reconocidos a nivel mundial, los vinos mexicanos han ganado prestigio internacional y el consumidor es cada vez más informado y exigente.

Sin embargo, algo permanece intacto:
👉 El valor simbólico de brindar en fechas importantes.

El 5 de febrero sigue siendo una fecha para reflexionar sobre nuestra historia, nuestra identidad y los caminos que seguimos construyendo como país.

Brindar por la historia

Conmemorar el Día de la Constitución también puede ser una oportunidad para reconectar con nuestras raíces, honrar las tradiciones y entender cómo incluso algo tan cotidiano como una bebida ha acompañado los momentos más importantes de México.

Ya sea con un vino mexicano, un destilado de agave o un brindis simbólico, levantar la copa el 5 de febrero es también una forma de decir:

Salud por la historia, por los acuerdos y por el México que seguimos construyendo.